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     C o l a b o r a c i o n e s     

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LAS DEFENSAS DE SANTOÑA
Fuertes, baterías y polvorines protegían antaño a la villa marinera.


Autor:
Rafael Palacio Ramos.
Doctor en Historia.

Fotógrafo:
Manuel Álvarez.

Publicado en:
La Revista de Cantabria.
Nº120 Julio-Septiembre 2005.
Pincha aquí para ver más grande la vista exterior del Fuerte de San Martín. (83 KB)


                        INTRODUCCIÓN

            Una visita al monte de Santoña significa introducirnos en una máquina del tiempo que nos lleva hasta una época en la que los conflictos entre las principales potencias europeas se resolvían mediante agresiones armadas. Y es que este extenso peñón acoge numerosas fortificaciones y edificios militares del siglo XVIII y sobre todo del XIX, algunos magníficamente conservados que son reflejo de un pasado no muy remoto que hace de esta villa marinera un rincón singular en la historia de nuestra región.

Pincha aquí para ver más grande la Muralla abaluartada de Santoña a principios del siglo XX. (78 KB)

            Muralla abaluartada de Santoña a principios del siglo XX.



Pincha aquí para ver más grande el ataque a la bahía de Santoña de 1639 (Cartografía militar de plazas fuertes y ciudades españolas. Siglos XVII-XIX, de Antonio Bonet Correa). (90 KB)

            El ataque a la bahía de Santoña de 1639 ("Cartografía militar de plazas fuertes y ciudades españolas. Siglos XVII-XIX", de Antonio Bonet Correa).



Pincha aquí para ver más grande el plano del monte de Santoña, con la ubicación de las fortificaciones y edificios citados en el reportaje. (135 KB)

            Plano del monte de Santoña, con la ubicación de las fortificaciones y edificios citados en el reportaje:
                        1.- Fuerte de San Martín.
                        2.- Batería Alta de San Martín.
                        3.- Baterías de Galbanes.
                        4.- Fuerte de San Carlos.
                        5.- Fuerte del Mazo.
                        6.- Polvorín del Dueso.
                        7.- Polvorín y cuerpo de guardia del Helechal.



Pincha aquí para ver más grande la entrada a la rada desde el Fuerte de San Martín. (74 KB)

            La entrada a la rada desde el Fuerte de San Martín.


            La explicación a tal abundancia de fortificaciones en este monte de apenas 5 km2 la tenemos en su ubicación geográfica y en su configuración física. La peña de Santoña, comparada durante siglos con la de Gibraltar en espectacularidad y escarpadura, ofrecía un puerto y fondeadero muy seguro (y capaz para grandes armadas), y su situación en el centro de la cornisa cantábrica le convertía en un auténtico puente entre lugares tan importantes estratégicamente hablando como Ferrol, Gijón, Santander, Bilbao, San Sebastián y Pasajes. Por ello fue durante siglos un punto destacado en la línea defensiva costera española, además de base naval y astillero real.
Pincha aquí para ver más grande otra vista del Fuerte de San Martín, cuya forma recuerda a los castillos medievales. (80 KB)

            Otra vista del Fuerte de San Martín, cuya forma recuerda a los castillos medievales.

            Estas condiciones, junto a la disposición casi insular del municipio (que se une a tierra tan sólo mediante una estrecha lengua de arena situada al norte, el istmo de Berria), lo convirtieron durante siglos en un objetivo militar de primer orden sumamente difícil de conquistar y muy fácil de defender contando con una guarnición y unas obras de fortificación adecuadas.

Pincha aquí para ver más grande el patio de San Martín el cual acoge en su interior una escuela taller. (73 KB)


            UN POCO DE HISTORIA.

            A lo largo del siglo XVII se realizaron diversas obras para fortificar la villa y proteger el importante astillero de galeones de Colindres, si bien los gravísimos problemas por lo que atravesó la monarquía hispánica bajo los últimos gobernantes de la dinastía de los Habsburgo explica que la mayoría de estas defensas fuera de campaña (madera, tepes, tierra o arena) y no persiguieran un sistema de defensa global. Esta falta de atención por las defensas se pagó muy cara: la incursión del Arzobispo de Burdeos en agosto de 1639 en la bahía santoñesa concluyó con la destrucción de esta villa y el saqueo de la de Laredo y el territorio comarcano, el hundimiento de un galeón del Rey y el apresamiento de otro.
Pincha aquí para ver más grande una de las galerías del fuerte se utiliza como sala de exposiciones. (73 KB)

            Una de las galerías del fuerte se utiliza como sala de exposiciones.

            El panorama comenzó a cambiar en el siglo XVIII con la llegada de la nueva dinastía borbónica y el establecimiento de un plan defensivo más racional que incluía la construcción de varias baterías permanentes (de mampostería o sillería) en los lugares más a propósito: Berria, los márgenes de la bahía y canal en Santoña y Laredo…
            Pero el máximo desarrollo de las fortificaciones santoñesas se produjo en el XIX. Primero con la ocupación napoleónica de la plaza, ya que el propio Bonaparte configuró las líneas maestras de sus fortificaciones, siendo siempre un firme defensor de su importancia estratégica y demostrando en sus escritos conocer perfectamente los proyectos y obras ejecutadas. Décadas más tarde fue el gobierno de Leopoldo O'Donnell y bajo el reinado de Isabel II, con la construcción de numerosas fortificaciones gracias a un crédito extraordinario de 42 millones de reales habilitado en 1859 con el objeto de asegurar la defensa del puerto y canal de Santoña.
Pincha aquí para ver más grande el imponente Fuerte de San Martín defendía a Santoña de los ataques por mar. (91 KB)

            El imponente Fuerte de San Martín defendía a Santoña de los ataques por mar.

            Muchos de estos testimonios de su importante pasado militar se han perdido en el curso de la última centuria, arrasados por el crecimiento urbanístico o las nuevas demandas económicas. Sin duda la más impresionante de las desaparecidas fue la muralla acasamatada y con tres grandes baluartes semicirculares, capaz para más de 200 cañones y que se extendía a lo largo de casi un kilómetro por la ribera sur de la villa.
Pincha aquí para ver más grande la Batería Alta de San Martín, complemento del fuerte del mismo nombre. (67 KB)

            La Batería Alta de San Martín, complemento del fuerte del mismo nombre.

            Sin embargo, como recuerdo de toda la intensa actividad fortificadora desarrollada en su suelo, en la localidad se conservan todavía una batería de 1743, tres reductos y un polvorín de época napoleónica y, de mediados del siglo XIX, dos fuertes acasamatados, seis baterías a barbeta, un cuartel de Infantería, una atalaya de vigilancia marítima, una puerta monumental de recinto amurallado y un polvorín con cuerpo de guardia anexo.
Pincha aquí para ver más grande la Batería Alta de Galbanes se encargaba de proteger la entrada a la bahía y su fondeadero inetrior. (100 KB)

            La Batería Alta de Galbanes se encargaba de proteger la entrada a la bahía y su fondeadero inetrior.

            Pero pocas personas que visitan Santoña reparan en su existencia, en unos casos a causa de su perfecta integración en el paisaje (una fortificación de estas características debía pasar desapercibida para ofrecer un blanco difícil a los barcos enemigos) y en otros a su alejamiento del casco urbano. Vamos a efectuar en estas páginas un recorrido por los monumentos de origen militar más significativos, que conforman un conjunto único en todo el norte peninsular.

            LOS MONUMENTOS MILITARES.

            Comenzaremos por el Fuerte de San Martín, sin duda la fortificación más emblemática de la bahía santoñesa. Fue construido a comienzos del siglo XVII, pero en los dos siglos posteriores sufrió sucesivas rehabilitaciones que lo transformaron en una imponente defensa: a mediados del siglo XIX nadie que conociera su existencia se hubiera decidido a atacar Santoña por mar, ya que de inmediato sus 43 cañones de gran calibre hubieran desatado una tormenta de fuego sobre las embarcaciones enemigas. Con una superficie de 2.700 m2, el fuerte actual tiene forma de herradura y está formado por dos órdenes de fuegos acasamatados, con una terraza superior donde también se colocaban cañones y obuses. Su forma recuerda a los antiguos castillos medievales, siguiendo una corriente artística en boga en 1859.
Pincha aquí para ver más grande la cureña (pieza en la que se monta el cañón de artillería), en el fuerte de San Carlos. (109 KB)

            Cureña (pieza en la que se monta el cañón de artillería), en el fuerte de San Carlos.

            A unos pocos metros por encima de éste, y construida como su complemento, tenemos la Batería Alta de San Martín. Sus obras terminaron en 1859. Sobre una superficie de 4.000 metros cuadrados, el conjunto incluye un almacén de pólvora, un cuarto para la tropa y un almacén, todos abovedados, además de una amplia explanada con parapeto corrido para la artillería. Aún permanecen colocados in situ algunos de los 16 emplazamientos para cañones y morteros de que llegó a disponer.
Pincha aquí para ver más grande el interior de la galería acasamatada del Fuerte de San Carlos. (85 KB)

            Interior de la galería acasamatada del Fuerte de San Carlos.

            Siguiendo por la carretera asfaltada que contornea parte de la falda sur del monte llegamos a las Baterías Alta y Baja de Galbanes, que tenían la misión de defender la entrada a la bahía y su fondeadero interior junto a los Fuertes de San Martín y San Carlos (entre los que se ubican). Levantadas entre 1811 y 1812 por ingenieros napoleónicos, ambas fortificaciones se reconstruyeron en 1859, aunque el proyecto original era muy ambicioso y no llegó a ejecutarse íntegramente. Constan de varias cortinas para la artillería.
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            Vista general del Fuerte de San Carlos.

         Encontramos a continuación el Fuerte de San Carlos, el más antiguo de Santoña, construido con tierra y madera a principios del XVII en un punto que ya antes servía de atalaya de vigilancia costera; a finales de ese mismo siglo la villa decidió sustituir esta mala batería por otra de piedra, que pasó a denominarse Fuerte de San Carlos en honor al monarca Carlos II. Remodelado en los dos siglos siguientes, las obras que por mandato de O'Donnell se realizaron en la plaza fuerte de Santoña le convirtió en un impresionante complejo defensivo de sillería dotado con un gran cuartel para la tropa, varios edificios para almacenes y polvorines, una pequeña plaza de armas y una batería acasamatada similar a la de San Martín, pero de un solo piso. Con sus 37 cañones era otro fuerte esencial para la defensa del puerto.
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            El polvorín del Dueso.

            El Fuerte del Mazo o de Napoleón es, dentro de las levantadas durante la Guerra de la Independencia, la única de su género conservada en España. El propio Bonaparte dirigió la construcción de este Fuerte en 1812, que dominaba todos los puntos al norte y oeste evitando cualquier posible ataque, tanto mediante un desembarco en la playa de Berria como a través de una invasión por tierra. La obra exigió un gran desembolso y supuso esfuerzos importantes, incluso se llegó a desmontar parte de la peña sobre la que se levanta, lo que muestra el interés que para los franceses poseía este enclave que una vez concluida la guerra se resistieron a abandonar. El Fuerte contaba con un cuartel para más de un centenar de soldados y con un almacén de repuestos. Fue reformado ligeramente en 1870, y en 2001 se restauró en su totalidad.
Pincha aquí para ver más grande el Fuerte del Mazo o de Napoleón, levantado durante la Guerra de la Independencia. (77 KB)

            El Fuerte del Mazo o de Napoleón, levantado durante la Guerra de la Independencia.

            En pleno barrio del Dueso se ubica un polvorín diseñado en 1812 para alojar a los oficiales y altos mandos de las tropas que Napoleón trajo a Santoña. Fue construido en 1812 por el ingeniero napoleónico Gabriel Breuille para servir como gran depósito de municiones de la plaza de Santoña, lo que sin duda lo convierte en uno de los elementos más interesantes del proyectado Parque Cultural del Monte de Santoña. Su estado de conservación es bueno, por lo que se está estudiando su posible rehabilitación. El edificio tiene planta rectangular, dos naves con bóveda de cañón, gruesos muros con contrafuertes para resistir el gran peso del tejado, muro perimetral y dos magníficos pararrayos de piedra sillar para evitar el impacto directo en caso de tormenta eléctrica.
Pincha aquí para ver más grande el polvorín y cuerpo de guardia del Helechal, de mediados del siglo XIX. (54 KB)

            El polvorín y cuerpo de guardia del Helechal, de mediados del siglo XIX.

            A poco más de 100 metros del Fuerte de Napoleón se sitúa el polvorín y cuerpo de guardia del Helechal, que es un sólido edificio de dos naves y cuatro departamentos independientes para contener con las suficientes garantías tanto pólvora á granel como cartuchería de fusil y proyectiles para la artillería. Tiene planta cuadrangular, además de un pararrayos y un muro perimetral de ladrillo para absorber el impacto de una posible explosión. Su construcción supuso una obra de ingeniería compleja y costosa que tuvo como resultado dotar a la plaza del importante depósito de municiones que necesitaba.

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